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Full text of "Don Juan de Ovando, estudio biográfico - bibliográfico de este ilustre poeta malacueño"

LS 

0957 
.Td 

Diaz de Escovar, Narciso 
Don Juan de Ovando. 



BIBLIOTECA HISTÓRICA MALAGUEÑA 



DON JUAN DE OVANDO 

ESTUDIO BIOGRÁFICO-BIBLIOGRÁFICO 

D E 

ESTE ILUSTRE POETA MALAGUEÑO 

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Narciso Díaz de Escovar 

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MÁLAC4Á.— Í903 

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DON JUAN DE OVANDO 



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BIBLiuitCA HISTÓRICA MALAGUEÑA 



DON JUAN DE OVANDO 



ESTUDIO BIOGRÁFICO-BIBLIOmÚFICO 



D E 



ESTE ILUSTRE POETA M AL ACUEÑO 

■eox'y 

Narciso Díaz de Escovar 




MÁLAGA.— 1903 
■'1UP. DE »« E tt ÚLfTlM O. 

MOLINA LARIO X 1 M . '1 



E 



Pródiga en poetas la Provincia de Málaga, figuraba en 
los últimos añcs del siglo XVI y principios del X Vil á la 
cabeza de otras regiones de España. 

Antequera había formado una escuela especial, á cuyo 
frente resonaban los nombres del Maestro Juan de Agui- 
lar, Rodrigo de Carvajal y Robles, Pedro de Espinosa, 
la Safo antequeraua doña Cristobalina Fernández de Alar- 
con, Alonso Cabello, Luis Martin de la PUz¿, su herma- 
no Pedro, Juan Bautista Mesa, el artista Antonio Mohe» 
daño, Luis Gálvez de Montalvo y tantos otros. En Arohi* 
dona ostentaban su inspiración Luis Barahona de Soto, 
Rodrigo de Miranda y Miguel Cabe' lo de Balboa. Ronda 
alardeaba de tener poetas como Vicente Espinel, su niaes* 
tío Juan Causino y Macario Fariñas del Corral y Malaga 
no queriendo dejar de unirse á este movimiento literario, 
contaba en su seno ilustres representantes de la poe. ía 
lírica, entre ellos el Canónigo Francisco Faria, elogiado 
por Cervantes en su Viaje al Parnaso, el Marqués del 
Aula don Adán Centurión Fernánd z de Córdoba, el fran- 
ciscano Fray Juan de Morales, el docto catedrático Enri- 
que de Fonseoa, el Deán Alfonso de Torrea y algunos 
más, de los cuales proyectamos ocuparnos en artículos 
separados, 

Entre ios sucesores de esa generación privilegiada, 
figura el po¿ta ilustre de quien vamos á ocuparnos, cuyo 



DON .1UAN DE OVANDO 



nombre quees casi desconocido por la generalidad, hasido 
citado muy á la ligera por escaso número de historiadores 
malagueños y se ha omitido en la mayor parte de las 
colecciones de poesías del siglo en que vivió. 

Desde luego nos toca declarar que no lo consideramos 
entre los eminentes, pero tampoco lo oreemos merecedor 
del olvido en que yace. Su fecundidad poética, su sátira 
afinada y sus ingeniosos conceptos, le hacen estimable en 
aquella época en que ya la poesía Jírioa entraba en su 
periodo de decadencia, natural contraste del brillante 
apogeo á que en los principios del Siglo llegó. 

La familia Ovando, ocupaba lugar distinguido entre la 
nobleza Española. Sus individuos habían sobresalido no 
solo en el ejercicio de las armas, contribuyendo á la re- 
conquista, sino que algunos de ellos legaron ilustre nombre 
en el cultivo d-í las ciencias y las letras. Inolvidable es 
D. Nicolás de Ovando, favorito del Rey Católico, Gober- 
nador de las Indias Orientales y cuya fama sería mayor, 
si la severidad de su política y sus ambiciones no le hu- 
biesen conquistado buen número de enemigos. 

D. Pedro de Ovando, era también de los ilustres ascen- 
dientes del poeta. Fué Quatralvo y castellano de Casoaes 
y Sagres, durante cuarenta años sirvió á su Magestad en 
Jas Galeras Portuguesas, venció en más de una ocasión á 
los moros y de él se dijo: 

La fama que lamenta tus memorias, 
y anales de tus bélicas historias, 
Anfitrite á sus márgenes elija. 

U. Juan de Ovando, Santaren, Gómez de Loaisa, y 
Rojas, nació en Málaga en 16*24, año en que esta Ciudad 
celebró solemaes fiestas (l) por la llegada á su seno del 

(1) Estas fiestas fueron resonadas oa un libro, por el escritor 
D. Juan Francisco Hinojales y Rivera. 



DON JUAN DE OVANDO 



Rey poeta D. Felipe IV, á quien acompañaban el autor 
dramático D. Antonio Hurtado de Mendoza, el famoso 
Conde Duque de Olivares y !o mis selecto de su corte, 

Fué bautizado D. Juan el di i 18 da Enero del expre- 
sado año. Era hij ) de D. Esteban de Ovando, pues aun- 
que algún autor llama á su padre ü. Francisco, la duda 
queda resuelta en los siguientes vers s, que forman parte 
de la descripción de unas fiestas de toros que relata nues- 
tro biografiado. 

Ese de la Cruz Bermeja, 

Don Esteban, que pro nueve 

dulce honor á los Ovandos, 

por tocarle Santarenes. 

Al cristal de Guadiana, 

Ayamonte lo confiese, 

sus torres antiguas, donde 

ciñe esclarecidamente. 

Del Júpiter de Castilla 

noble Mercurio posee 

un oficio, cuyo lustre 

ha sido de po te siemp e 

Mas acorta el canto, Musa, 

los paternos lauros cesen, 

que mal podrán elevarle 

si no dejas se enagenen. 
D. Juan tuvo varios hermanos, entre ellos D. Jorge, 
militar que guerreó en Italia: D Antonio, regidor de la 
villa de Archidona, y posta no vulgar y Fray Rodrigo, 
maestro de la Oiden de San Agustín, del cual nos hemos 
de ocupar más adelante, al citar una de las obras que 
publicó. 

También fué hermano suyo, el ilustre D. Gaspar de 
Ovando y San taren, uno de los pocos autores dramáticos 
que tuvo Málaga en el Siglo XVII, Barrera lo cita en su 

2 



10 



DON JUAN DE OVANDO 



Catálogo Biográfico Bibliográfico del Teatro antiguo 
Español, desde sus orígenes hasta mediados del Siglo 
XVIII (pag. 290). Se conserva una comedia suya titula- 
da Atalanta, poetisa, cuyo manuscrito procede de la rica 
Biblioteca de los Duques de Osuna. En el catálogo que 
publicó D. José M. a Rocamora, en 1882, de los Manus- 
critos de dicha Biblioteca aparece con el número 295, se 
añade que es autógrafo y tiene la oportuna censura. 

Deseando D. Juan de Ovando continuar los hechos 
gloriosos de sus ascendientes, siguió la carrera militar. 

Su primera poesía la escribió en 1642, es decir, á los 
diez y ocho años de edad. Fué un soneto que comienza: 
Hecho Argos sus luces e iviaba 
el hermano de Polus en su esfera, etc, 
el cual lo dedicó á celebrar la maestría con que el Rey 
Felipe IV corrió un caballo, en el Buen Retiro, dicho año. 

Gran pas'ón debió sentir O v indo por una belleza, de 
nombre Ana, á quien en sus rinas llama Anarda, confir- 
mando la costumbre de aquella época en que cada poeta 
que cantaba tenía su Belisa, su Lioi, su Lisarda ó su 
Filis. Unas veces celebra lu hermosura, otras se lamenta 
de sus desdenes y en algunas hace alarde de favorecido. 

P«ro este amor no acabó con la lectura de la Epístola 
de San Pablo, pues Ovando contrajo matrimonio años 
después con la bella dama Rosa María de Negro y Lome- 
lia, nacida en Osuna el día 2 de Agosto de 1635, siendo 
hija de D. Carlos de Negro, caballero hijodalgo, deseen 
diente de los Duques de Genova. La familia de este ape- 
llido residía en Albama y en Sevilla, perteneciendo á ella 
la Venerable Madre Sor María Negro, Abadesa del Con- 
vento de Santa Clara de Málaga, cuyas virtudes y mila- 
gros hicieron célebre y respeUdo su nembre. (1) 



(1) Sor María do Negro nació en 12 de Noviembre de 1579 y 



DON JUAN DE OVANDO 



il 



De este matrimonio naoió una hija, á la cual se puso 
por nombre Rosa María, como su madre. 

La felicidad de esta unión no pudo ser duradera, pues 
consta que D. a Rosa María Negro, falleció muy joven, 
acaso á pooo de nacer su hiji 

Ovando no fué aficionado al estado de viudez y eu bre- 
ve plazo contrajo matrimonio o n doña Agustina Rizo y 
Portillo, dama de grandes virtudes y excepcional talento, 
si hemos de basamos en las poesías que más tarde se de 
dicaron á su memoria. 

Por entonces don Juan, cumpliendo sms deberes mili- 
tares, pasó á Italia y combatió en Nápoles. Estuvo á las 
órdenes del Virrey y Capitán General de aquel Reino, 
Conde de Oñate y Villamediana. En un soneto que le de- 
dicó le apellida Alcides y al elogiar sus proezas añade: 
Testigo fui de cuanto conseguiste, 
cuando Argos continuo en las proezas, 
á tu efecto siguiendo las noblezas, 
dueño en las armas y en amor te hiciste. 

Debió también estar á las órdenes del Conde de Castri- 
llo, al ocupar éste la Capitanía General de Nápoles. 

Ovando aprendió perfectamente la lengua italiana, 
hasta el punto de escribir en ella varias poesías. También 
se conocen buen número de versos latinos suyos, sobresa- 
liendo uno á San Ignacio, otro á A la presencia de Nues- 
tra Señora de la Victoria, un Elogio á una obra que en 
honor de Ja Purísima compuso D t Pedro Gómez de Mo- 
lina, A JV. a £. a de la Soledad y varios Epigramas. 



murió en 1651. Su vida se compendió en un curioso libro publi- 
cado en Córdoba, por Fray Juan de Velasco Salido, del Real 
Convento de San Luis de Málaga (1732). Es un libro muy raro, 
escrito en un estilo que no peca da sencillo ni fácil. 



SE 

No hemos podido fijar la épooa en que Ovando estuvo 
en Italia, pero no es difícil encontrar este dato, á poder 
dedicar algún tiempo á investigar los años en que el Con- 
de de Oñate D. Iñigo Vélez y el Conde del Castrillo don 
Juan de Mauleón fueron Virreyes de Nápoles. 

Desde luego en 1653 estaba ya en España, como pro- 
baremos al hablar de las fiestas literarias á que Ovando 
concurrió. 

En los libros publicados en este tiempo, que hemos podi- 
do hojear, no hallamos rastro de su residencia en Málaga. 

Sabemos que tuvo gran amistad con un poeta malague- 
ño, también poco conocido, al cual estamos obligados á 
dedicar algunas líneas. 

Era éste D. Andrés Hidalgp Bourman, emparentado 
con la nobleza malagueña 

Siendo muy joven, en el año 1650, escribió un poema 
en octavas reales refiriendo los estragos que en Málaga 
causó la terrible epidemia de 1649. Tituió el libro: Ejem- 
plar de castigos y piedades que se experimentaron en 
Málaga en el año pasado de 1649, A este volumen lle- 
varon también su inspiración algunos de sus paisanos 
contemporáneos Este libro no se imprimió hasta 1G56. 

Ovando dedicó á Hidalgo un soneto, que lleva el si- 
guiente epígrafe nada lacónico: «En elogio del libro Ejem- 
plar de castigos y piedades de D Andrés Hidalgo B ;ur- 
man, que habiéndole escrito en tiempo breve y en tan 
p ca edad, con tanta erudición, manifestó sus muchas 
prendas, su ingenio grande y uno de los lucidos de estos 
tiempos», 



14 



DON JUAN DE OVANDO 



He aquí el soneto, cuyo estilo adolece del pésimo gusto 
de la época: 

Eterno á la memoria, oh Bourman, vives 
si de tu patria las tragedias cantas, 
al ver tu corta edad al Orbe espantas 
mirando en tiempo breve cuanto escribes. 
Aún más presto compones que percibes, 
Numen que ost anta erudiciones tantas, 
en su fama, á sí propios adelantas, 
los héroes, cuy.s hechos nos desoribes. 

Honor de todos tu poema ha sido; 
sus ap'ausos por tí se hacen mayores, 
que en el tuyo su elogio está incluido. 

A ti te ilustras dándoles honores 
que hallan en tí, por timbre esclarecido, 
de la Inglesa Real sangre esplendores. 
A su vez Hidalgo Bourman, que ro era tampoco torpe 
en el manejo de la histórica lengua del Lacio, escribió una 
E'egia en latín á Ovando. 

En el año 1658 D. Juan de Ovando debió vivir en Gra« 
nada, ó hacer un viaje á la ciudad de la Alhambra, pues 
por entonces reseñó las fiestas que allí se celebraron, 
durante tres días, por el nacimiento de) Piíncipe I). Fe 
lipe Próspero. 

Era también Ovando gran amigo del Gobernador que 
fué de Málaga D. D*ego Fernández de Córdoba y Ponce 
de León, Alférez Mayor de Córdoba, Alguacil Mayor del 
Santo Oficio, Caballero Calatravo y Señor de la Campana 
(1) Al mismo dedicó también algunas versos, celebran 
do!o por su ciencia y actividad. 



(1) El Sr. Fernández de Córdoba era Gobernador do Málaga 
en 1656. 



ais 



Debió ser D. Juan Ovando y Santaren, entusiasta afi- 
cionado á fiestas poéticas. Es cierto que en aquellos tiem- 
pos no se desdeñaban de asistir á ella los más celebrados 
poetas, incluso el mismo D. Pedro Calderón de la Barca, 
que no siempre triunfó. 

El primer Certamen al cual concurrió Ovando, de los 
que tenemos noticias, se. celebró en Córdoba, en honor 
del Angel Custodio San Rafael, en 1651, (2) 

Fueron Jueces del Certamen don Pedro de Castro y 
Toboso, don Martin de Orellana, don Antonio de Ribera, 
don Antonio Mellado de Almagro, el Vizconde de Peña 
Parda don Pedro de Alonso de Fiores y Montenegro, don 
Luis Manuel de Sandro, don Gonzalo de Cea y de los 
Ríos y don José de Valdecanto, actuando como secretario 
don Luis Notario de Arteaga, Los poetas premiados fue- 
ron cerca de treinta, entre ellos don Gabriel Bocangel y 
Unzeta, natural de Madrid, autor dramátioD, que escribió 
notables libros de poesías y murió en 8 de Diciembre de 
1658; D. Pedro Messia de la Cerda, de la familia de los 
Condes de Molina de Herrera, Caballero de Alcántara y 
militar valiente; D, José Nuñez del Castillo, Catedrático 
de Salamanca; el jesuíta Padre Pedro Hidalgo; la poetisa 
D. a Ana Pineda Serrano y Góngora; D. Luis de Godoy 
Ponoe de León, que se supone antequerano; D. Alonso de 
Guajardo, veinte y cuatro del Regimiento de Caballeros 
de Córdoba; D. Diego de Aguayo, cuyos versos se citan 



16 



DON JUAN DE OVANDO 



entre los de autores clásicos; D, José del Castillo, D. Pe- 
dro Morillo de Velasco; D. Diego Siloedo; D. Juan Fer 
nández de Perea; D Luis Notario, que era á la vez Se- 
cre'ario del Certárnen; D. Fadrique de Córdoba Solier, 
D. Hernando de Messia Manuel; D. Francisco Mallen de 
Rueda: Fray Diego Verdrjo, religioso de la Orden de la 
Santísima Trinidad; D. Juan Hurtado de Tapia; el licen- 
ciado D. Diego de I barra, Fray Jerónimo Ortega, fraile 
del Convento de ^an Jerónimo, D. Franoisoo de Barbosa 
y D. José Daza. 

En esta justa fué uno de k s venctdores el poeta don 
Juan Ovando. 

De la justa se hizo una detal'adi relación, por D. Pedro 
Messia de la Cerda, que dedicó á la ciudad de Córdoba y 
en ella se imprimió por Salvador de Cea, ol año 1653. 
Un ejemplar posee la Biblioteca Nacional. En ella no solo 
reseña el Certárnen, sino los sermones predicados, el m )- 
numento que se levantó y la corrida de toros que tuvo 
lugar. 

Eq 1662 S9 celebró en Antequera un Certárnen, en ho- 
nor del Santísimo Sacramento. Er¿ Secretario del mismo 
el Doctor D. Manuel ds Almeid*. Se otorgó coma premio 
una espada y una daga, al poeta que mejor cantase el 
siguiente asunto: «Dase vaya al demorio por averse que- 
dado burlado en el misterio de la Concepción». 

A este tema acudió Ovando, coa una poesía, en roman- 
ce, que empezaba 

Que dé coa donaire piden 
este vej imen al diablo, 
aunque siendo por María 
por gracia se ti ne el darlo, etc. 
Esti justa fué autorizad! por Su Sw'.idad y protegida 
por el Rey Fe ipe IV. (1) 



(2) Debió oolebrarse esta fiesta en. ol mes do Mayo. 



DON JUAN DE OVANDO 



17 



Otra justa á la cual concurrió, fué la verificada en la 
ciudad de Ubeda, ea honor también del Santísimo Sacra- 
mento, sin que podamos precisar la fecha, que debió ser 
hacia 1660. El tema á que acudió nuestro poeta, era de 
un romance contra Judas, dividido aquel en veinte y 
cuatro coplas. Era el premio un bolso de ámbar y oro. No 
hemos averiguado si tuvo la fortuna de ganarlo, ó se 
quedó con el deseo. En esta Justa, figuró como Secetario 
D, Andrés de las Cuevas y las Bacas, Canónigo de la 
Iglesia Colegial de Ubeda, persona de gran erudición. 

A la justa celebrada en Jaén en 1661, con motivo de 
la dedicación de la nueva Iglesia Catedral, asistió tam- 
bién Ovando, con una poesía en octavas La dedicó al 
Señor D. Baltasar de Hoscoso y Sandoval, Cardenal Ar- 
zobispo de Toledo y á D Fernando de Andrade y Castro, 
Arzobispo-Obispo de Jeéo. Es una composición en extre* 
mo gongorina, aunque no deja de tener bellezas. 

A otros varios Certámenes debió concurrir Ovando, 
teniendo en cuenta los epígrafes de algunos de sus versos, 
entre ellos al famoso que tuvo lugar en la corte en honor 
de N. a S. a de la Soledad, donde compitieron los más ilus- 
tres ingenios de la época; á otrj que debió celebrarse en 
Granada en honor de Santo Tomás de Villanueva y á 
uno d<? la canonización de San Ignacio, Como coa este 
motivo hubo justas en distintas localidades, no podemos 
señalar la población donde se celebró. 



S 



Indudabl emente era D, ¡Juan Ovando, partidario acé 
rrimo de la Monarquía y entusiasta del Rey Felipe IV. 
Varios datos nos lo prueban y en sus versos abundan los 
elogios á la Magestad Real y las alabanzas al hijo y suce- 
sor de Felipe III. 

En una ocasión, hallándose enfermo el Rey Poeta, 
Ovando compuso en esdrújulos latinos, dedicada á Nuestra 
Señora de la Victoria, patrona de Málaga, una Letanía, 
que se cantó varios dias por los frailes m nitnos y que co- 
menzaba: 

Victorias Domine 
bellum miraculum, 
quod plandunt coelites 
litues ovantibus 
Otra vez que S M. estuvo enfermo costeó una novena 
a la citada advocación de la Sma. Virgen, cuyo piadoso 
acto ofreció en unas quintillas, de esuaso mérito, pero 
llenas de devoción y de amor hacia el Rey, 

Ya hemos dicho que su primer soneto fué celebrando 
habilidades del Rey, pues además escribió otro aoróstioo, 
sobrado en elogios, que empieza: 

Felipe heroico, cuya Real grandeza 
el Orbe todo rinde, belicosa, 
luciente honor del Austria generosa, 
ínclita, augusta, prodigiosa Alteza etc. 



20 



DON JUAN DE OVANDO 



En otro al misino tema, decía: 

Tú, que en todas las Artes portentoso 
ostentas con ventaja habilidades etc. 

y acaba 

Tu, pues, tanto lugar por ti te hicieras 
si no nacieses Rey, que es cosa rara 
que ser Rey por tí mismo merecieras. 
Poesía? figuran como suyas, en que además cantó ^ á la 
muerte de la Rdioa doña Isabel de Borbón y á la del Em- 
perador de Alemania Fernando III padre de la Reina, do- 
ña Mariana de Austria. 

Por su parts el Ra? debió distinguir también á Ovan- 
do. En los versos del vate imlagaeño, aparecen ecos de 
gratitud, que acusan el beneficio. 

Felipe IV íe otorgó no solo el hábito de Calatrava, sinó 
también el de Santiago, pues en la nota de los poetas 
premiados en Córdoba, en 1653, se haca constar que era 
Ovando Caballero de la última citada orden. 



En el año 1665 esperimentó un gran pesar D. Juan 
de Ovando. Su esposa doña Agustina Rizo y Portillo, 
Méndez de Sotomayor, dejó de existir, Málaga entera se 
asoció á este pesar. 

Los pcetas malagueños quisieron legar á I03 siglos una 
muestra de su sentimiento y de su afecto ai oompañero, 
formando una Corona poética, bajo la dirección del fraile 
agustino Fray Rodrigo Ovando, hermano político de la 
virtuosa finada. 

Este libro se publicó en Málaga dicho año, en la im- 
prenta de Mateo López Hidalgo y se cita por el Marqués 
de Valdeflores, en sus Memorias históricas de la ciudad 
de Málaga. 

Entre otros colaboraron los siguientes poetas. 

Alonso de la Cueva Spinola, que era Capitán de las 
Milioias Españolas y buen escritor, 

Antonio Francisco Ovando, hermano de L>. Ju*n. 

Cristóbal Amat de la Borde, Regidor perpétuo de 
Málaga y Alférez Mayor. En 1675 escribió un opúsculo 
titulado «Noticia compendiosa de lo que obró en esta 
Ciudad el Exorno. Sr. D. Fernando Carrillo y Manuel.» 

Dionisio Cabello Urbina y Céspedes. Había nacido en 
1640, siendo bautizado en los Mártires. Estuvo casado con 
doña Isabel Negrete. Le citó por sus méritos poéticos, el 
Marqués de Valdeflores. Falleció ~n 29 de Marzo de 1 698. 

Dtego de Córdoba Figueroa y Lasso de la Vega. Per- 



22 



DON JUAN DE OVANDO 



tenecía á la familia de los señores M&rqieses del Vado, 
Fué Caballero de la Orden de Alcántara y Regidor de la 
ciudad. Se le oree autor de varias comedias. 

Fernando Barrientos Galindo y ligarte. Este ilustre 
ascendiente de la poetisa del siglo XIX D. a Josefa Ugar- 
te-Barrrientos, Condesa de Paroent. era un escritor muy 
correólo. Escribió uu poama al Descubrimiento de Amé- 
rica. 

Jorge de Ovando Santaren f también hermano de don 
Juan, 

José Méndez de Sotomayor, poeta del cual no hemos 
podido hallar dato alguno. 

Lorenzo Mendreta Villoslada, vivía todavía en el año 
1715, pues concurrió al Certamen literario celebrado en 
esta ciudad, con motivo de la dedicación del Convento 
de Trinitarios; (Conventioo), el 26 de Setiembre de dicho 
año. 




Piadoso varón, de sanas costumbres y fé acendrada, 
era el poeta Ovando, El santo temor á Dios, firmes creen- 
oias oatólioas y el cumplimiento de los deberes cristianos, 
resplandecía en aquel hombre, que había probado el culto 
á su patria combatiendo por ella y el amor á su Rey, en 
muy distintas ocasiones 

Pero dentro de ese fervor religioso, dentro de su alma 
existía un verdadera cariño, un afecto si a límites á la 
esoelsa patrona de Málaga, á Ntra. Sra. de la Victoria, 
á esa milagrosa imágen, que la piedad de un monarca 
extranjero ofreció á los Reyes Católicos. 

¡En gran número de poesías de Ovando existen alusio- 
nes y testimonios de adoración á la Santísima Virgen de 
la Victoria! ¡En cada una de las partes en que divide su 
libro Ocios de Caitálsa^y una dedicatoria á tan hermo- 
sa advocación! 

A ella acude cuando eleva sus oraciones por la salud 
del Monarca, le dirige cantts de gratitud, acompañando 
inspirados versos los generosos d mativos que á su templo 
hace, desoribe la imagen en fáciles quintillas, se detiene 
al pintar con poético pincel la ciudad de Malaga, elogian- 
do la Ig esia de la Victoria, esplioa en versos latinos el 
placer que le causa la vista de la imagen y no quiere 
acabar el volumen donde las inspiraciones de su lira ha 
recurrido, sin entonar un himno amoroso á la Reina de los 
Angeles, á la patrona de su ciudad natal. 



24 



DON JUAN DE OVANDO 



Hallábase en una ocasión don Juan de Ovando, dentro 
del templo de la Victoria. Dispuesto á salir, se dirigió á 
la puerta, paro no apartaba los ojos de la Vi gen. En su 
distracción no llegó á fijarse en una sepultura que estaba 
abierta, de bastante profundidad y dentro de la cual 
había una azada vuelta hacia arriba, Tropezó y vino á 
dar con su cuerpo dentro de la fosa, pero milagrosamen- 
te no se causó la más pe^ueñ* lesión. Este hecho inspiró 
una poesía de décimas, déla cual copiamos algunas, 
Gran Señora, mi caida 

no la tengo á mala suerte, 

que no tropieza en la muerte 

quien está fijo en la vida. 

El alma os daba rendida, 

y muerto quedó sospecho, 

y de aquesto satisfecho, 

así como me sentí 

muerto de amor, cuando os vi, 

al hoyo me fui derecho 



Vuestra presencia, aunque hundido, 

animoso me ha mostrado, 

que me vieion derribado 

mas no me vieron caído. 

Mas séame permitido 

del suceso en la deFgracia, 

que con divina eficacia, 

hagáis, Señora, por Dios, 

puesto que caí ante vos 

que os caiga, Señora, en gracia. 
Sus donaciones á la iglesia y al convento fueron muchas 
no solo en vida de su esposa doña Agustina Rizo, sino 
después, Los frailes agradecidos cedieron á esta familia 



DON JUAN DE OVANDO 



25 



Ja capilla que existe al lado de la Epístola, donde se 
venera hoy la imagen de San Frauoisoo de Paula, escul- 
tura que regaló el Presbítero Juan Espinosa de los Mon- 
teros y cuyo báculo se asegura es el mismo que usó en 
vida el venerable fundador, (1) según se indica en el tes- 
tamento que el dicho Presbítero don Juan Espinosa otor- 
gó ante el escribano Podro Pérez, en 13 de Febrero de 
17§1, en una de cuyas cláusulas se dice: 

«Vinculo una imagen de San Francisco de Paula de 
•uerpo entero, su heohura de escultura de madera estofa- 
da con báculo en la mano que, según tradicióa,fué el que 
sirvió en vida á este Santo Patriarca (con cuya fe se han 
experimentado muchos prodigios), cuya imagen como mía 
propia que és, la tengo en el oratorio de la oasa de mi 
morada. Y psr cuanto una de las alhajas de dicho vínculo 
y mayorazgo es la escultura de cuerpo entero del Patriar- 
ca San Francisco, es mi voluntad y mando que luago que 
llegue el caso de no haber descendientes de las dichas 
mis sobrinas se entregue dicha imagen, con su báculo, 
en propiedad y posesión al Convento y religicsos Mínimos 
de esta ciudad, etc.» 

La eitada capilla se concedió á D. Agustín de Rizo y 
Méndez de Sotomayor, padre político de Ovando, en 30 
de Abril de 1666, por escritura ante Pedro Ballesteros; 
mas el favorecido por esta donación, en su testamento otor- 
gado en 13 de Septiembre de 1667, manifestó que él y su 
yerno D. Juan de Ovando y Santaren, Caballero Cala- 
travo, habían construido una capilla y entierro en el lado 



(1) Estas noticias y las siguientes, relativas á la capilla, están 
tomadas del libro La Imagen de Ntra. Sra. de la Victoria. Es- 
tudio histórico por D. Joaquín M. a Diaz de Escovar .—Málaga. 
— Tip de La Unión Conservadora, 1898, cuyo trabajo fué pre- 
miado en público Certamen. 



26 



DON JUAN DE OVANDO 



de la Epístola, con dos altares, ano en la capilla y el otro 
en la bóveda y entierro, teniendo ésta una gran puerta 
al comp's para desde ella poder oir misa, dotándola para 
atender á los sufragios que dejaba mandados, con un ofi- 
cio de Escribano de Número de esta ciudad, que compró 
en 9.200 duoados á Gaspar Gómez Rentero, otorgándose 
la esoritura de donación por la Comunidad ante el Esori* 
baño Esteban Labrador en 4 de Septiembre de 1662. 

En 1666 Ovando, entre otros regalos, ofreció á la San- 
tísima Virgen de la Victoria la rica media luna de plata 
que tiene á los piés, cuyo o stí pasó de 4.000 reales. Se la 
ofreció con una poesía que empezaba: 

Recibid, beldad inmensa, 
de esa luna el don humilde 
aunque tendrá ds mis yerros 
liga, la plata que os rinde. 
Este don que os doy, Señora, 
vuestro nombre le hará insigne, 
que es lástima que los dones 
estén en quien no se estimen. 
Sois de tanta hermosa esfera 
primer móvil que la rige 
y es bien que la Luna en vos 
como en primer cielo brille. 
Al terso metal que ostenta 
mayor valor apercibe 
el honor de tales plantas 
pues merece que Ja pisen. 



Victoriosa ha de mostrarse 
rindiendo influencias tristes, 
que haréis de esta Luna nueva 
el curso siempre felice. 
Permitid que este planeta 



DON JUAN DE OVANDO 



27 



á tanto solo lo dedique 
pues si lo ofrezco menguante 
creciente á esa luz consigue. 
Haced, pues con vuestro auxilio 
es el frágil invencible, 
que con esa media luna 
mi aliento se fortifique. 
Aunque es oferta tan leve, 
hoy por vuestra se publique; 
que en la fragua de mi pecho 
la forjó el amor más firme. 
Si tanto esplendor la ilustra, 
fuerza es que huyendo de eclipses, 
ejecutorias de rayos 
contra el mismo Sol litigue 
Esas plantas solicita 
por que su influjo felice, 
con perpetua exaltación 
á mi Málaga domine 



También por este tiempo O rando hizo una limosna de 
5.000 reales, para ayudar al dorado del retablo del altar 
Mayor. Agradecido el Paire Fray Juan Navarro, Gene- 
ral de la Orden, concedió al poeta Tribuna en la capilla 
de su propiedad, desde donde pudiera mirarse el trono de 
Ntra, Sra, 



En 1656 cesó en el cargo de Capitán de la Compañía 
de Milicias de Málaga, D. Martín de Moxica, ó Mujioar, 
emparentado con las principales familias de Málaga (1). 
En 19 de Diciembre ordenó S. M. el Rey á la ciudad pro- 
pusiese sujeto de condiciones que reemplazara á Moxica. 
Hubo muchos aspirantes pues era el puesto muy deseado, 
pero en 8 de Mayo de 1657, se reunieron el Alférez, Sar - 
gento y Cabos de la Compañía (2) y unánimemente acor- 
daron solicitar de S, M, que el Capitán que se nombrase 
fuera D. Juan Ovando. 

La ciudad vio con gusto esta solicitud, la apoyó y tra- 
mitó y Felipe IV accedió á ella, quedando elegido el 
militar-poeta. Esta plaza la desempañó varios años y en 
ella prestó grandes servicios, pues la desempeñaba en 
circunstancias excepcionales, en que fué necesario el au- 
xilio de la Compañía de Milicias. 



(1) Creemos que á esta familia pertonece el autor dramático 
D. Juan Antonio de Moxica, autor de El demonio en la mujer, 
La ofensa y la venganza en el retrato y otras aplaudidas come- 
dias. 

(2) Archivo Municipal. — Lib. de Originales 27 n.° 58. 



No se conserva que sepamos, siendo inútiles las inves- 
tigaciones que hemos hecho con este fin cerca de los des- 
cendientes del poeta, retrajo alguno de éste. 

Pero ha hecho la suerte, que podamos tener una idea 
de su figura, gracias á la lectura de una poesía que titu- 
la: Pintase el poeta así mismo. 
De ella copiamos: 

Alia va de mi figura, 

en forma, Cloris, el cuadro, 

y advierte que en mis escritos, 

sin mentiras, me retrato. 

Yo sé que no te pesara, 

supuesto que no es enano t 

de buena plata consigo 

llevare siquiera un marco. 

Doy principio á la pintara 

y mis facciones copiando, 

empiezo por el cabello, 

aunque ya con él acabo. 

Pobres ertán mis guedejas 

con ser como el oro y tanto 

que sola una coronilla 

es su moneda, en lo alto. 

Solamente uq boquirrubio 

pudiera haoer tal engaño 

el tiempo, qte en mi ee finge 



33 



DON JUAN DE OVANDO 



grande por adelantado. 
Es falta la de mi pelo, 
¡ jiláque fuera pasto! 
y en él ahora se fuera 
su sucesión dilatando. 
Pocos ocios gastaré 
con tener mi frente espacio, 
que para copiarla, mucha 
entrada en mis versos traigo 

Si Aloalde en un pueblo fuera 
yo no anduviera rondando, 
porque en lugar de dispiertos 
dormidos los ojos traigo. 
De pintarles el color 
al círculo de su campo, 
me ahorro ahora con ellos 
porque los tengo pintados. 
Mi nariz sin duda es diestra, 
y en aquesto no la alabo, 
pue3 elegir he sabido 
el medio proporcionado. 
A celebrar mis mejillas 
sin más ni más ya me pase, 
que en su apellido tan noble 
el de Carrillo lo es harto, 
La propiedad de mi boca 
es buena para caballo, 
porque como tenga gana 
acepta cualquier bocado. 
Cabales los dientes tengo, 
mas si á las muelas llegamos 
cuando apuntan ádo'erme 
siento el darles gatillazo, 



DON JUAN DE OVANDO 



33 



No entiendo mi propio ouello, 
no es de Cisne, ni es de Ganso, 
pero alabanzas he oído 
cuando se ha puesto tan ancho. 
Enamorar con bigotes 
en mi vida lo he intentado, 
que más aprecian las dam&s 
mostachones que mostachos. 
No he aspirado á puesto, porque 
para pretender no valgo, 
puei en nada favor tengo 
aunque tengo mucha mano. 
Manos son, no manecillas 
y en verdad que las he hallado 
famosas para un menudo, 
por lo que tienen de callos, 
Vender riqueza es forzoso, 
pues ceer será milagro, 
que ande falto de moneda 
quien tantos pesos ha alzado. 



En la altura en que me veo 

contento la vida paso, 

que la que tengo, á Dios gracias, 

no me onje en mal estado. 

No ha merecido Condar 

mi fortuna en estos años, 

mas á título de grueso, 

puedo ser Marqués del Basto. 

Sin estar metido en hombros, 

yo soy, y aquí no me saco, 

buen Martin para el Japón 

según soy atravesado, 

Hacer piernas muy bien puedo, 

5 



54 



DON JUAN DE OVANDO 



que en tocando aquesto, es llano, 

no ser ignorante, pues 

ni soy zurdo, ni soy zambo. 

No son groseros mis pies 

que los tengo bien criados 

y según vuelo oon ellos 

no son patas, sino patos. 

Bien sé que no has de quererme, 
por ser de Venus contrario, 
mas no te entiendas, que en esto 
mas tien sabe el menos sabio. 
Aunque de Fiandes no sea 
el lienzo, Clor's, tí encargo 
lo encuentres bien parecido 
y le consientas sus rasgos, 
Qu no te parezca bueno 
de ningún modo, lo extraño, 
que en el fardo de mis coplas 
no tengo lienzo tan malo. 





Aunque alterando en parte el método que nos señala- 
mos on este estadio biográfico, pasamos á ocuparnos de los 
libros conocidos en que aparece como autor don Juan 
de Ovando. 

Todos ellos son raros de encontrar y no hemos tenido 
la fortuni de poder hojear más que dos de ellos, uno que 
poseemos y otro que existe en la Biblioteca Nacional. 

El más antiguo l eva la siguiente portada, b\jo orla. 

Ocios de Castalia, en diversos poemas dedicados al 
Excmo. Se. D. Juan Gaspar Enriques de Cabrera, 
Grande Almirante de Castilla, Duque de Medina de 
Rioseco, etcétera, compuestos por don Juan de Ovando 
Santaren Gómez de Loaysa, Caballero de la Orden Mi- 
litar de Calatrava, capitán de infantería por Su Ma- 
jestad, (q. D. g.) de una délas compañ'as de la mili- 
cia de la ciudad de Málaga Con licencia. En Málaga, 
por Mateo López Hidalgo, impressor áe la S. I. Cate- 
dral. Año de 1663. 

En la primera página está la dedicatoria, la cual com- 
pleta un romanoe encomiástico del Almirante de Casti- 
lla. 

Se divide el libro en cinco partes. Es la primeia una 
colección de sonetos, buenos, malos y regulares, donde la 
nota festiva rara vez aparece. 

Empieza la segunda con una Oración de ciego, á la 
Virgen de la Victoria. Todos los géneros y todos los me- 



36 



DON JUAN DE OVANDO 



tros tienen entrada en ella, abundando los romances y 
las seguidillas. No faltan aceradas sátiras, graciosas já- 
caras, ni re aciones de fiestas profanas, Hay una colec- 
ción de ingeniosos epigramas. 

La tercera parte se compone casi toda ella, de poesías 
serias, bastante extensas. Inserta en la misma la Fábula 
de Glauco y Sila, digna de estima y que se hal'a dedioada 
á D. Diego de Loaysa y Ovalle, Caballero Calatravo, se- 
ñor de Arriate, y Teinte y cuatro pupelino de Granada. 

La cuarta comienza con una Canción Real, á Nuestra 
Señora de la Yiotoria y entra después la descripción pa- 
negírica de Málaga en octavas reales, dedioada á D. Die 
go de Ovando y Cáceres, Caballero de Santiago y Señor 
de Larguijuela. 

Este poema, elevado á veces, demasiado vulgar en 
ocasiones, puede hasta servir de consulta á los que escri- 
ban sobre la historia de Málaga antigua. Se ocupa de su 
fundación, pinta so mar y sus cercanías, desoribe sus 
edificios, encomia sus producciones, celebra sus hijos ilus- 
tres y acumula datos históricos. Como complemento de 
nuestro trabajo nos proponemos publicar en folleto aparte 
este poema que agradará conocer á nuestros paisanos. 

La quintt parte, contiene un epigrama latino en honor 
del autor, del licenciado Diego Maldonado, Alcalde Ma- 
yor de Gibraltar, una Elegía de Hidalgo Bourman y uqos 
versos del Ldo. Censtantino Suarez, Continúan varias 
composiciones latinas de Ovando, á las cuales nos hemos 
referido antes. 



ss 



Una nueva obra publicó en 1681, 
He aquí su portada: 

Digníssimo panegyrico que canta Apolo al Muy Ex- 
celente Señor D. Juan Francisco de la Cerda... Duque 
de Medina-Celi etc. Autor el afecto de don Juan de la 
Victoria O cando Santaren y Loaysa. 

La lioenoia está fechada en Málaga á 10 de Septiembre 
de 1681. 

Comienza con un romance, donde se condensa la dedi- 
catoria y se ensalza al protector de este velamen, 
El texto so compone de octavas de Arte Mayor, 
Termina con dos poesías laudatorias del autor. Una fir- 
mada por el Conde de Alcudia y otra por el Marqués de 
Crópani. 

Era el Conde de Alcudia D Pablo Fernández de Con- 
treras, Almirante General del Ooceano, que se distinguió 
en las campañas de Ayamonte y de Bahía de Todos los 
Santos, haciendo 19 viajes, de ellos oatoroe á las Indias, 
uno al Brasil, y cuatro á Levante Felipe IV le dió el ti- 
tulo en 1663. 

E Marqués de Ciópani reiidió en Málaga, pertenecien- 
do á la familia de los Ventimiglias, ó Bentimillas, muy 



38 



DON JUAN DE OVAtfDO 



citados en los Anales malagueños del Siglo XVII. (1) A 
esta familia pertenecía el poeta D. Diego Francisco de 
Bentimilla y Pisa, Caballero de Santiago, citado por Gui- 
llen Robles, y que falleció en 13 de Noviembre de 1721, 
siendo enterrado en el Convento de San Francisoo. 




(1) Algunos de los sucesos en que intervinieron los Ventimi- 
glias los hemos referido en nuestra obra Anales de Málaga desde 
la reconquista hasta 1699. 



sis 



En 1688 apareció un nuevo libro de D. Juan Ovando. 

Titulábase: Orfeo Militar cuya belicosa música cele- 
bra los felices triunfos que en ¡a segunda guerra de 
Viena y Berda, han alcanzado contra el Sultán del 
Asia, las Imperiales Armas del César Leopoldo Prime- 
ro, Rey de Romanos, Bohemia, Ungría, Dalmacia, 
Croacia y Esclavonia y Grande Emperador de Ale- 
mania.— Málaga - 168S— En 4. 9 . 

Se divide en 16 cantos y lo dedicó al inolvidable obispo 
de Málaga Fray Alonso de Santo Tomás, dominico, cuyo 
nacimiento dió lugar á cortesanas murmuraciones y á fa- 
mosas carUs de Reyes y Prelados. 

Preceden á la primera parte ocho sonetos laudatorios, 
compuestos por el Conde de Alcudia, D. Fernando Luis 
de Noriega y Leyba, malagueño que fué Rector de la 
Universidad de Salamanca (1666) y Oydor de Sevilla, 
D. Francisco Maldonado Salazar y Vargas, antes o tado, 
D. García Dávila Ponoe de Laón, D. Francisco Hurtado 
de Mendoza, D. P, Manuel J. fre de Loaysa y Messia, 
Regidor de la Roda; D. J A. de Aguilar y Rojas y del 
capitán D. A. Vela Ojeda y Argamasilla. 

Antes de la segunda parte existen un Epigrama latino 
del Licenciado D. Sebastián de Cáoere3 Ovando y Cha 
mizo; versos de D. Eugenio Santaren y Barma; una dé- 
cima de D. Manuel Santaren y B^rma; otra de D. Fran- 
cisco Santaren y Leoamberri-, un romanea de D. Juan 



40 



DON JUAN DE OVANDO 



Antonio de Ovando San taren y Mayoral go, sobrino del 
autor del libro; unas décimas del hermano de D. Juan, 
Fray Rodrigo de Ovando y Santaren; y otras del Regidor 
de Archidona, 3 a mencionado, D. Antonio de Ovando 
Santaren Gómez de Loaysa y Rojas. 

Como vemos, la familia entera se había reunido para 
elogiar á su parie ite. 




De otros dos libros de Ovando tenemos noticias, aunque 
ignoramos si llegaron á imprimirse, ó si los manuscritos 
se han perdido, haciendo imposible estudiarlos. 

Pertenecen á género dis'into de los antes citados y 
prueban que el poeta era también aficionado á los géneros 
históricos, de los que desenvolvía archivos y registraba 
Bibliotecas. 

Se titula uno de ellos: Catálogo Real Genealógico de 
España y de casas antiguas solariegas y otras hazañas 
dignas de memoria. 

El otro era una Historia de los Geseones. 

Con ello damos fia ai índice bibliográfico de las pro- 
ducciones del autor de Ocios de Castalia, 




s: 



2 




y 




No tenemos autoridad para dar titulo de poetes, pero 
aunque la tuviésemos no habíamos de concedérselos ni 
negárselos, á quien tiene ganada representación digna en 
el Parnaso malagueño. Para estudiar y avalorar las poe- 
sías de Ovando, hay que considerar eu primer término la 
época en que vivía y las corrientes de decadencia litera- 
ria que se propalaban por todo el Reino y especialmente 
por Andalucía. 

El estilo gougorino que contagió á la escuela anteque- 
rana, que tuvo sus adeptos entusiastas en la sevillana y 
que no careció de múltiples representantes en la corte de 
España, inc uso el mismo monarca y algunos de sus vates 
favoritos, acogido por Ovando, disminuyó su mérito. Su 
musa quedó piisionera en aque los conceptos rebuscados, 
altisonantes, giros extraños y alardes de pedantesca eru- 
dición. Cuantos poetas escribían por entonces en Málaga 
sufrían la misma enfermedad. 

La prueba de que el valor literario de Ovando queda- 
ba eclipsado dentro de ese género qqe con predilección 
cultivaba, la tenemos que al escribir versos de carácter 
seno lio, sin pretensiones de ninguna clase, se agiganta 
su mérito y era merecedor de mayores elogios. 

También tenia un gran enemigo en su misma fecundi- 
dad poética. Aceptaba los asuntos todos como buenos, 
cultivaba todos los metros, y á veces en el tema más vul- 
gar buscaba inspiraciones para un soneto ó una elegía 



44 



DON JUAN DE OVANDO 



altisonante. El resultado áebU ser previsto. En la colección 

de sus versos se nota una desigualdad harto visible. A no 

aparecer la misma firma, se creerían sus versos, hijos de 

distintos autores. 

Tuvo marcada predilección por los soreto?, pero en 

ellos adoleció de esos defectos que antes apuntamos. 
En el género amoroso escribió varios, hechos casi todos 

ellos antes de 1650. 
He aquí uno: 

En la galera de mi amor cautivo 
cinco veces el Sol, fanal luciente, 
llegó del Táuro á la estación ardiente, 
mientras al remo conque lucho vi^o. 
En dulce banco la esperanza estribo, 
sufriendo á Venus, cómitre impaciente 
y al falso yugo de su ley pendiente, 
su agravio siento, y de razón me p ivo. 
Perdido por Anarda, mi desvelo 
es la faena, con que siempre atado 
miro á su rostro, por quejarme al cielo. 
Remos son los desdenes que ha causado, 
el mar las ondas de su rubio pelo, 
grillos sus ojos, y el favor forzado. 
No carece de sentimiento el que á continuación oopi i- 

mos: 



Ausente de Anarda 

Era la edad del año lioenciosa 
cuando F o: a tapetes de Levante 
tiende en su estrado, cuando plata errante 
se despeña del monte bulliciosa. 



DON JUAN DE OVANDO 



45 



Cuando cobran las plantas vida umbrosa, 
oon librea que el mayo dá galante 
en piélagos de ñores, ouaudo amante 
el Ruiseñor Sirena es armoniosa. 
Entcnoes por ti, Anarda, mi fineza 
como no te miraba el ansia mía 
en el placer hallaba la tristeza. 
La Primavera en mi no suponía ' 
que brotando suspiros mi terneza 
en mi pecho pesares producía, 
Merece reproducirse por su belleza y dulzura, este que 
sigue: 

Viste ai ponerse el sol selva florida, 
acosada del Bóreas proceloso, 
cuando tu estancia, en el dintel umbroso 
de sus árboles suena sacudida? 
Viste, cómo á sus silvos impelida 
se despoja del verde honor frondoso, 
imitando en oombate armonioso, 
de las cajas la mÚ9Íoa fingida? 
Así en ausencia de otro sol, me embiste 
nuevo Bo-eas, que en panas se dilata, 
aunque acosado mi dolor resiste 
El alma es la Floresta á quien maltrata, 
y las hojas que caen oon tono triste 
lágrimas tiernas que el pesar desata. 
Aunque gongorino puro, no daja ds ser bello el siguien- 
te soneto: 

Amor que variando gustos 

se quietó gloriosamente 
con la beldad de Olimpa 
En colonias de aljófar dividido, 
por Provincias de flores se derrama, 
arroyualo que inquieto entre la grama, 



46 



DON JUAN DE OVANDO 



anima de la selva el colorido. 

Deja despué3 el ámbito florido 

que á !os brazos del mar su error le llama 

donde por ser mayor pierde la fama 

que lo lleva á ios mares conducido. 

Asi mi pensamiento arroyo ufano 

erraba entre beldades, girasoles 

siendo las olas de su curso en vano. 

Mas llegando después á los do3 soles 

de O in.pa que en beldad es Oooeano, 

muerte tuvo de luz entre arreboles 
Aunque vamo3 copiando más sonetos de los que nos 
proponíamos, no queremos dejar en olvido el que sigue y 
se titula 

La Rosa de Alejandría 

Tú que de Egipto traes la descendencia 
Cleopatrra inanimada, y más famosa; 
cuya rosada tez, estrella hermosa 
en cielo de esmeralda es influencia. 
Carmesí terciopelo, en la apariencia 
de tu estado te ilustra, y licenciosa 
ostentando la púrpura lustrosa 
brillas diosa de amor por excelencia. 
Despreciando las cumbres cada día 
arroyos corren á encontrarse al llano, 
de tu beldad movidos á porfía. 
No es mucho lisonjee tan humano, 
porque siendo la flor de Alejandría, 
el tuyo es natural rostro gitano 
Terminamos los sonetos con el siguiente: 



DON JUAN DE OVANDO 



47 



Excelencias de Madrid 



Grandes por muchos títulos luoidos, 
de progenie aún mayor que sus Estados, 
ilustres Dictadores y Diotados, 
Apolos que de Dafre están ceñidos. 
Talentos y caudales conocidos, 
con la roja señal muchos cruzados, 
calles que todas son de los preciados: 
aguas, aires y cielo esclarecidos. 
Jardines, Paraísos terrenales, 
Consejos que aprovechan á Castilla, 
siempre en ángulo recto Tribunales. 
Cada edificio, flor y maravilla, 
y un albergue de Aguilas Reales, 
esto compendia un mundo en una villa 
A ser posible en este folleto, reproduciríamos también, 
los titulados: Descripción de la hermosura de un jar- 
din, A la muerte de Z>. a Isabel de Borbón, Al Marqués 
de Cádiz , A David Rizo, Baño célebre de una hermo- 
sura. Babilonia de la Qorte, Invoca al sueño¡ y Viendo 
despertar á Amarilis, 




Manejó la sátira con verdadera maestría y sentimos 
que sean tan largos la mayoría de los que conocemos, 
pues sería oportuno reproducir alguna, especialmente la 
dedicada á condenar los vicios humanos, A una busco- 
na, y A una Berberisca. 

En el género festivo hizo mucho y bueno. Dada la li- 
bertad que entonces se permitía á los poetas, y de la cual 
usaban hasta los más tildados de devotos, tiene muchas 
composiciones con chistes capaces de hacer ruborizar á 
un empleado en la Higiene, Dígalo su romance A una 
flaca, que pcsee gracia por arrobas, pero qne reproduci- 
do hoy, asustaría á los más despreocupados. 

No tienen gran mérito los epigramas que salpica en sus 
libros, unos por poco origioales y otros por rebuscados. 

Utilizó la décima, ó espinela, en varios de sus trabajos 
y la manejó bien, igualmente en lo serio que en lo festivo. 
Lo mismo podríamos decir de las octavas reales. 

Abundan en sus libros los romances y como muestra de 
ellos y al par de su musa festiva copiamos el siguiente: 

A un valiente 

Dejó Gines la bavuca 
enfadado con la Pérez, 
que con los humos de Baoo 
mayores empeños quiere, 
Era el jaque de la hoja 



7 



50 



DON JUAN DE OVANDO 



y en Málaga me refieren 
que en caeros en ocasiones 
riñó con Pero Ximenez. 
Como acostumbra el reñir, 
y por calabaza bebe, 
andar á calabazadas 
es su ordinario deleite. 
Los resplandores del sol 
duplicados se lo ofrecen, 
que en asomarse temprano 
los dos estaban recientes. 
Con los vaguidos que lleva 
no hay cosa en que no tropiece, 
que tiene perdido el tacto 
después que sin tino bebe, 
Quitasoles de la barba 
los bigotes se retuerce, 
que como va tan torcido, 
á enderezarlos ro atiende. 
Compases de solfa daba, 
y á tragos pararlos quiere, 
que al órgano de la voz 
sirve una bota de fuelle. 
L'cva ceñido á lo bravo, 
donde la visouerna pende, 
por ser mejor que marino, 
cinto de lobo terrestre. 
Reportóse de al i á un poco, 
que e-a zaino, aunque valiente, 
pues con ir alborotado, 
se conoció que iba alegre. 
En la ocasión que lo usa 
no es menester se lo veieu, 
que bien se refrena el que 



DON JUAN DE OVANDO 



51 



privarse del vico suele. 
Murmuran del que es un loco, 
pues se sabe claramente, 
le toca, por lo de aloque, 
estar alocado á veces. 
Lo que con un vaso hace 
encantamiento parece, 
pues sabe (siendo insensible) 
dejar.o temblando siempre. 
Bien pudiera beber frío, 
que aunque tanto lo t borreoe, 
con huir las garapiñas 
es amigo de Sorbete. 
Con no ser aficionado 
á cabrito, solamente 
ha dado en mercarlo, porque 
ya por cuartillos se vende. 
Yo admiro que tanto alce, 
porque no se compadece 
dar cada instante caídas, 
y blasonar de ser fuerte. 
Ténganle por muy brioso 
á Ginés, pues no es decente 
que á quien trae ojo de gallo 
de gallina lo motejen. 
Por engolfarme con él 
ya de vista se me pierde, 
porque un Nairo, Zorrero, 
es fuerza que atrás se quede. 
Si adelante no pasare 
en decir sus procederes, 
es porque sé si lo apuro, 
que he dejarlo en las heces. 
Al almacén de las culpas 



52 



DON JUAN DE OVANDO 



encaminó sus vaivenes, 
donde otra piel tributaria 
pechos á Venus le ofrece. 
No resistimos á copiar el siguiente romance: 

1% una fregona 

Detén, fregatriz, la escoba, 
porque me trae tu viveza, 
si i ser don Beltran, perdido 
con la mucha polvareda. 
Ya sé que eres bien nacida, 
que aunque ese ejercicio tengas, 
por las ramas de Escobar 
hay en tu casa limpieza. 
De tu oficio hacer caudales 
es gran cargo de conciencia 
porque á tu cargo he sabido 
que tienes muchas hacierdas. 
En tus librillos he hallado, 
cuando estos platos meneas, 
que el tuyo no es de fregona, 
sino oficio de platera. 
No hay señora como tú 
que tan á la mano tenga 
las joyas de porcelana 
labradas en Talavera. 
Tener paz contigo busco, 
y yo no sé cómo sea, 
que en contiendas de tu casa 
nunca te faltan refriegas. 
Si estás vedriada, cómo 
en ser frágil no lo muestras? 
Yo no f é cómo se entiende, 



DON JUAN DE OVANDO 



53 



que á quien es una pobreta, 

todo un Ducado de Guisa 

tan á medida le venga. 

Siempre al llamarte tus amos 

mil remolinos te oeroan, 

mas no te saben las ollas 

aunque las olas te llevan. 

No es infeliz quien con ellos 

ha tenido tal estrella, 

que haciéndoles la mostaza 

siempre gustosos los deja. 

En tus ejercicios sabes 

de virtuosa dar muestras 

pues de estar sobre rodillas 

se te conocen las señas. 

Tú dás ojos á tu ropa, 

y á tí los que consideran, 

que en la fregona milicia 

es tu beldad la bandera. 

En lo picaro te imito 

de amor cuando el mar navegas, 

pues de Bergantín me alabo, 

si de Fragata te precias. 

Pero yo he de darte caza 

que engolfada en tas tareas 

unas veces vas á orza 

y otras veces á cazuda. 
Para terminar insertaremos una original poesía, en 
que utiliza los nombres de los pescados más comunes por 
entonces: 

A la Criolla Marina 

Atención con el cuadro 
de una criolla, 



54 



DON JUAN DE OVANDO 



do hay mis indias, señores 
que su persona. 

De pescados dispongo 

tirar las líneas, 
que esta es perfecta copia 

de la Marina. 

Aunque es un Mapamundi 

de la belleza, 
ella Occeano es sola, 

las demás tierra. 

Sus cabellos soa rubios 
y entre sus ondas 

son las hebras que lucen 
doradas todas. 

Si á mi amor no se allana, 

cuando la sigue, 
¡ser la lisa su frente 

de qué me sirve? 

El primor de sus ojos 

no significo, 
que ya todos saben 

que son bonitos. 

Indios son, no españoles 

y no me admira 
que les llamen estrellas 

pues eon cabrillas. 

De delfines parecen 
porque á las almas, 



DON JUAN DE OVANDO 



55 



cuando miran, anuneian 
dulces borrascas. 

Bien podían, pues, reinar 

en corazones, 
ser delfines de Francia 

sus resplandores. 

Sus mejillas no es justo 

p nten las rosas, 
puesto que ellas se tienen 

las pinta rojas. 

Su naüz ya reparo 
que es muy perfecta, 

y que no es la corbina¡ 
pues es derecha. 

No es su boca de almeja, 

que es por lo chica, 
comparada con todas 

una coquina 

Que ella es la margarita 

todos entiendan, 
pues la pesca, en sus dientes, 

se hace de perlas. 

Son la nata su,* pechos 

en cuyo golfo, 
el amor de zaf os 

les hace á todos. 

La ballena está en el'os 
acomodada, 



56 



DON JUAN DE OVANDO 



y hace á todos su talle 
temblar la barba, 

A las más lindas vencen 
tus blancas manos, 

que al elalma se llevan 
la raya echando. 

De sus bajos no hay copias 

porque diviso, 
que sus pies, por lo breves, 

son pececillos 

Adelante no pasan 

los versos míos, 
qne el viaje no hacen 

ultramarino. 



Las poesías expuestas, confirman cuanto antes indica- 
mos y el siguiente juicio de Gruillén Rebles: 

«Publicó Ovando un tomo de poesías, demostrando, ya 
en las re'igiosas, ya en las profanas que lo componían , 
rica imaginación, facilidad para jugar el retruécano y 
apropiado uso de los variados giros de nuestra lengua; 
entre estas composiciones hibía a'guna en latín é italiano 
y un poema . en octavas reales, cuyo estilo nada tenía 
que envidiar al osouro y laberíntico del gongorino más 
entusiasta Cuando la moda literaria de entonces y las 
preocupaciones ds los tiempos, no embargaban el numen 
de Ovando, su poesía ant^s oscura é indigesta, chispeaba 
de ingenio y la irónica burla propia de nuestro país ha- 
llaba en sus conceptos un digno intérprete » 





Pocas noticias tenemos de los últimos años de Ovando. 

Debió fallecer en los últimos años del siglo XVII. La 
partida de sepelio no hemos podido hallarla en ninguna de 
las cuatro parroquias de Málaga, apesar de constar que 
en esta ciudad falleció. Esto se explica si se tiene en 
cuenta que siendo militar, su defunción debió anotarse en 
los libros castrenses, que no hemos tenido á mano. 

Ddbió ser entarrado en la iglesia de la Victoria, ea la 
bóveda de la capilla del lado de la Epístola, donde tenía 
enterramiento propio. AUí deben existir los huesos de 
aquel malagueño ilustre, cuyo nombre merece ser más 
conocido y estimado. 

Su hija Rosa Miría Ovando y Ndgco contrajo matri- 
monio en 1699, con don José Carranque Bustillos y 
Aranda, malagueño y caronel del Ejército español. De 
este matrimonio nació don Carlos Carranque y Ovando, 
bautizado en Loja el 18 de Febrero de 1705,*que ocupé 
brillante puesto en las armas españolas. 

Sus descendientes existen todavía en Málaga y espera- 
mos hallar en sus ejecutorias y archivos, nuevos datos 
que aumenten esta biografía. 




Málaga ha honrado muy paroainente el recuerdo de su 
poeta ilustre. 

El Ayuntamiento se eon tentó con poner su nombre á 
una modesta calle, que pocos oonooen y por la cual nadie 
pasa. 

Tiempo es todavía de remediar olvidos injustificados, 







> Juan de 




University of Toronto 
Library 


Loaisa, 




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417672 

Ovando y Santa rem Gómez de 
Díaz de Escovar, Siarciso 
Don Juan de Ovando. 




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